Ese chico triste y solitario mezcla de lo absurdo y lo genial
Gracias Antonio, mil y una veces gracias —

Año 1985, y un chaval de 13 años comenzaba a escuchar los primeros discos de Nacha Pop. No fue un flechazo, fue un impacto brutal, un amor incondicional por unas letras perturbadoras y enrevesadas, llenas de miles de interpretaciones y adaptables a cualquier situación y estado de ánimo. Todas acompañadas de unos ritmos personales y sencillos con acentuadas señas de identidad.
Y aunque por mi edad no los descubrí desde el primer momento, desde el primer momento en que los escuché se convirtieron en la referencia musical, primero de mi infancia y adolescencia, luego de mi juventud, ahora de mi madurez y seguro que me acompañarán también en mi vejez. Las canciones de Nacha Pop son una ensalada de emociones dónde puedes encontrar ingredientes perfectos para estimular tu felicidad, emocionar tu melancolía, ahogar tus tristezas y desbordar el sentido de la amistad y del amor.
Y el motor de todo aquello era Antonio Vega, ese chico triste y solitario, mezcla de lo absurdo y lo genial que siempre buscaba un sitio donde un disco suente fuerte y no pudiese ni hablar. Ese esclavo de la vida y domador del lenguaje que ha vivido siempre muriendo y que cuando ya nos habíamos acostumbrado a su eternidad nos ha abandonado sólo en materia, pues su espíritu y su obra perdurará en el tiempo y se convertirá, todavía más, en una rica herencia para generaciones venideras.
En 1988 ya tuvimos un durísimo golpe con la separación de Nacha Pop, todavía no sabíamos que el genio seguiría su carrera en solitario, y que, aunque de forma mucho más intimista y triste, verían la luz nuevas joyas de la música con unas letras todavía más profundas y elaboradas que las de Nacha. Era la confirmación de que Antonio no sólo era un músico de talento, si no que, como muchos ya adivinábamos, era un talento natural que manejaba a su antojo las palabras y sus significados, que veía en cualquier representación de la vida la forma de expresar aquello que quería y lo hacía además con un lenguaje rebuscado pero sencillo, y elegante y emotivo.
Recuerdo con cariño y emoción un anécdota con 18 años. En COU, en el colegio, un estupendo profesor de literatura nos proponía como examen de comentario de texto una canción de Nacha Pop, concretamente Persiguiendo Sombras. Fue uno de los momentos más felices en el colegio para mi, cogí mi bic y comencé a escribir sin pensar, a plasmar en más de 3 folios por ambas caras tres comentarios de texto completamente diferentes, tres interpretaciones distintas que explicaban esa cadena de metáforas que conformaban la canción. El resultado fue lógicamente excelente y es que me habían tocado la fibra. Ese era precisamente el ejercicio que desde los 13 años venía haciendo con las canciones de Antonio. Según la ocasión, según el momento, según el estado de ánimo cada canción tenía un significado y cada significado servía de flotador a mi enrevesado cerebro.
Gracias Antonio, gracias Nacha Pop, gracias de corazón, te lo digo emocionado con una lágrima de esperanza recorriendo mi mejilla y con los brazos llenos de púas de aguijón provocadas por una sensación de gratitud y de admiración.
Ahora vuelves con tu amor, con tu Marga de tu corazón, GRACIAS!!!!!!


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Estupendo post, muy sentido y humano.En cambio yo lo he descubierto tarde, cuando ya su vida había comenzado el descenso. Algo parecido me pasó con el de Los Secretos.
Saludos